IOT, UN NUEVO ALIADO PARA EL MÁRKETING

El Internet de las cosas es una de las grandes tendencias del momento y el germen de grandes cambios tecnológicos que protagonizarán la escena social los próximos años. La continua proliferación de nuevos dispositivos conectados abre un amplio abanico de posibilidades para muchos sectores y un nuevo paradigma en la gestión del márketing y la relación con el cliente.

Se calcula que en 2020 existirán alrededor de 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet. La incesante disponibilidad de nuevos productos interconectados pone de manifiesto la magnitud de esta tendencia tecnológica, que abarca todo tipo de segmentos, industrias y zonas geográficas a escala mundial. Esto abre un sinfín de posibilidades al dotar de capacidades de comunicación inteligente y remota a prácticamente cualquier objeto.

Todo ello gracias a la conjunción de tres aspectos clave que definen el IoT: en primer lugar, los sensores, que transforman una realidad analógica en variables digitales; en segundo lugar, la conectividad, que posibilita la transmisión de estos datos a través de la diversidad de conexiones disponibles, como 4G, Ethernet, Bluetooth o RFID, entre otras; y, por último, los procesos, que consiguen transformar todos esos datos recopilados en información de valor y conocimiento.

¿Qué sectores están aprovechando la IoT?

Distintos sectores están consiguiendo incrementar su productividad y eficiencia, mejorar sus productos y servicios o, incluso, crear nuevas propuestas de valor gracias al IoT. Sin embargo, si hay un ámbito en el que el IoT cobra gran importancia, ese es el del márketing y las ventas, debido a la gran cantidad de datos que es posible adquirir acerca de las preferencias y necesidades de los clientes o potenciales clientes en tiempo real, que permite reaccionar con una mayor agilidad a sus necesidades. Se trata de datos y variables que durante años se intuían o se conseguían a través de análisis de mercado. Gracias al IoT y a la proliferación y los avances de nuevas tecnologías, como big data, inteligencia artificial o machine learning, entre otras, ya no es necesario seguir aproximándose al mercado de manera estadística, sino que es posible llegar a los clientes, conocerlos y relacionarse con cada uno de ellos de manera individual.

Los resultados permiten disponer de información en tiempo real para optimizar el servicio al cliente, un hito que para el sector del márketing y la publicidad se traduce en la creación de nuevas oportunidades de interacción. Esto se denomina “márketing de proximidad”, lo que contribuye al reconocimiento de marca y a la predilección hacia ella. Si una marca consigue satisfacer las necesidades del cliente, e incluso adelantarse a ellas, no cabe duda de que será la primera en venir a la mente del consumidor cuando sea preciso.

Las organizaciones deberán rediseñar todos sus procesos de creación de valor en torno al márketing de producto.

Experiencia de cliente

Estar en la mente de millones de clientes es un objetivo prioritario para las marcas de consumo. Esto requiere disponer de canales que permitan interactuar lo máximo posible con el usuario.

En este contexto, todo apunta a que se seguirá avanzando en el diseño de soluciones que incorporen una pantalla que permita una interacción rica con el usuario, manteniendo al mismo tiempo una interfaz natural, de modo que el usuario no sea consciente de la tecnología que hay detrás de esa solución; esto es el digital signage. Junto con las pantallas, cobran importancia el reconocimiento de voz, la señalética contextual y las interfaces hápticas, aquellas con las que el individuo interactúa a través del tacto, como la vibración del teléfono móvil, o la posibilidad de sentir y manipular los objetos simulados en entornos virtuales.

Todo ello consigue crear una nueva experiencia de usuario, la denominada realidad inmersiva o realidad 360°, con nuevas oportunidades de creación, transformación y disrupción de modelos de negocio en los que el producto es el dato.

Experiencia de cliente

Estar en la mente de millones de clientes es un objetivo prioritario para las marcas de consumo. Esto requiere disponer de canales que permitan interactuar lo máximo posible con el usuario.

En este contexto, todo apunta a que se seguirá avanzando en el diseño de soluciones que incorporen una pantalla que permita una interacción rica con el usuario, manteniendo al mismo tiempo una interfaz natural, de modo que el usuario no sea consciente de la tecnología que hay detrás de esa solución; esto es el digital signage. Junto con las pantallas, cobran importancia el reconocimiento de voz, la señalética contextual y las interfaces hápticas, aquellas con las que el individuo interactúa a través del tacto, como la vibración del teléfono móvil, o la posibilidad de sentir y manipular los objetos simulados en entornos virtuales.

Todo ello consigue crear una nueva experiencia de usuario, la denominada realidad inmersiva o realidad 360°, con nuevas oportunidades de creación, transformación y disrupción de modelos de negocio en los que el producto es el dato.

Distintos sectores aumentan su productividad, y eficiencia creando nuevas propuestas de valor gracias al IoT.

‘IoT everywhere’

Ante este panorama, no hay sector en el que no se estén al menos analizando las posibilidades de negocio que brinda el IoT. Algunos de los ejemplos más disruptivos se encuentran en el mercado de los seguros, el urbanismo, el hogar o la industria 4.0.

Aseguradoras que utilizan la tecnología del IoT para calcular la esperanza de vida de sus asegurados o conocer, gracias a los dispositivos wearables, si llevan un estilo de vida saludable; hogares en los que prácticamente todos los dispositivos están interconectados, creando un ecosistema domótico capaz de funcionar adaptándose en tiempo real al comportamiento del usuario; o fábricas inteligentes en las que el mundo físico y el informático se aúnan para ser más productivos y eficientes, son solo algunos ejemplos de las posibilidades que ofrece el IoT.

Sin embargo, sin duda, es en el sector urbanístico en el que el IoT alcanza su máxima expresión. Las ciudades inteligentes (smart cities), como Barcelona, Dubrovnik o Singapur, con redes de sensores desplegados para la monitorización del tráfico, la iluminación o el agua de las fuentes públicas, nos dan una idea del alcance de las posibilidades de esta tecnología y de cómo permite relacionarse con los usuarios; una relación que proporciona nuevas propuestas de valor y permite continuar avanzando en el conocimiento de los clientes y consumidores para adaptarse mejor a sus necesidades.

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